Coronavirus agrava crisis de un pueblo enfermo

El descrédito político, caudillismo, racismo y regionalismo, entre otros males, tienen larga data en el país, y ahora están en efervescencia

Autor: Adhemar Camacho

Foto: eldeber.com.bo

La virulencia del coronavirus deja enfermos y muertos que suman y siguen. La cuarentena de tres meses se cumple a medias, los médicos y enfermeras sufren y lloran impotentes porque el sistema de salud ha colapsado y el ciudadano, la razón de ser del país, hace malabares para sobrevivir sin comida y sin atención médica ni remedios.

En realidad, Bolivia vive momentos muy difíciles no solo por el Covid-19, sino que también experimenta una paradoja debido a que una parte de la clase política abandera elecciones para el 6 de septiembre, como si las condiciones de vida en el país fueran normales o por lo menos aceptables.

En este momento de contradicciones, unos llevan agua su molino, otros pescan en río revuelto y otros despechados, respondiendo a consignas caudillistas, apoyan una justa electoral, en medio de la desesperación que vive un pueblo enfermo por el virus y con dolencias históricas sin resolver.

Este comportamiento indolente, con los mismos actores de antaño, que ha contribuido a que la institucionalidad pierda credibilidad, tendrá una respuesta en las próximas elecciones y se llamará abstencionismo.

Pareciera que existe un interés premeditado de los actores políticos de que la gente no participe del proceso como jurado o elector. Bueno, si esa es la intención, bien gracias, el país seguirá, no digo avanzando, pero no cambiará sus males o enfermedades.

El descrédito de los políticos en Bolivia nos hace pensar que las grandes ideas o algunas utopías interesantes ya fueron desmanteladas por los grupos, partidos, aspirantes a dictadores, u otros, recibiendo como respuesta de la gente que no quiere saber de lo que ellos dicen o hacen.

Lo que viene ocurriendo en la lucha contra el coronavirus es una muestra más de los problemas que tiene Bolivia y que los arrastra décadas tras décadas. La Asamblea Plurinacional, con una orientación sesgada, congela la aprobación de créditos de interés nacional solo por responder a su partido.

El accionar del Gobierno de transición, con denuncias de corrupción y poca transparencia en la administración de la cosa pública, también agravan la vida de los bolivianos, que al ser víctimas del centralismo, han perdido la esperanza en las gestiones de las gobernaciones y municipios.

El Tribunal Electoral, que no tiene un presupuesto aprobado para las elecciones, y que tampoco lo debería tener, porque primero es la salud, mantiene una actitud de reina de pueblo, dándole besos al que pasa, porque espera el aplauso de la gente en la fiesta de su coronación.

La obra Pueblo Enfermo de Alcides Arguedas, publicado en 1909, que es una especie de radiografía de la sociedad boliviana de hace más de 110 años, muestra que este país ha cambiado muy poco o casi nada. Los analistas establecen que la sintomatología de las endémicas enfermedades que tiene Bolivia se mantienen a pesar del tiempo y sin contar o tomar en cuenta la presencia del coronavirus, que se adicionó a los males nacionales con el sello de urgente.

Los problemas de racismo están expresados en el poco entendimiento entre las culturas aymaras, quechuas, mestizos,  blancos y otras del Oriente del país. Sumados a los choques culturales, están las visiones políticas como las que desarrolló el anterior Gobierno con el comunitario indigenista, comunismo disfrazado de socialismo y el liberalismo democrático, que tampoco es claro.

Otro de los males de Bolivia es el regionalismo y su mayor expresión aflora cuando los políticos lo exacerban para apuntar a intereses personales o de grupos. La unidad de Bolivia debe estar por encima de los intereses regionales y eso todavía no se ha entendido.

El caudillismo es otro fenómeno que ya fue denunciado como enfermedad de los bolivianos hace más de un siglo y tomó cuerpo nuevamente en el gobierno de Evo Morales con su proceso de cambio, donde querían mostrar que el mundo hablaba del país por la imagen del liderazgo indígena, cuando sabemos que en el contexto mundial somos irrelevantes.

Arguedas destaca y critica el rol de los profesionales y la necesidad de darle un mayor impulso a la capacitación técnica. El pedido,  hecho hace tanto tiempo, toma actualidad debido a que todavía en el país la educación y la formación profesional no logran avances significativos.

Otro de los males del boliviano es el alcoholismo y los juegos, un dúo inseparable que tampoco se ha superado. El alcohol presentado en diversos productos y los juegos de cartas, cacho y  casinos, se han nutrido de la tecnología y en lugar de tener un freno, han crecido.

Son muchos los enunciados que hace Alcides Arguedas en su obra Pueblo Enfermo, pero es justo rescatar algunos para ponerlos en escena y mostrarle a los actuales y futuros servidores públicos sobre la necesidad de hacer algo distinto para cambiar a este pueblo enfermo.

Un abrazo desde el encierro

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *