La lluvia llega como bendición y arremete sin compasión

Los cruceños, que llevamos más de 90 días encerrados por la amenaza del coronavirus, estábamos esperando un buen aguacero, sin embargo, el exceso de agua generó angustia en la gente

Autor: Adhemar Camacho

Foto: eldeber.com.bo

Cuando mis ojos se cerraban como despedida de un domingo más de cuarentena, marcado por los fuertes vientos que le daban la bienvenida al inverno, llegó la lluvia anunciada en el pronóstico y esperada por todos, especialmente por los agricultores que están en pleno desarrollo de la siembra de invierno. 

Si esta lluvia bendita ingresaba suavemente o con la energía de un chaparrón que lo limpia todo, refresca y alimenta a quienes compartimos vida en esta tierra, haya quedado como un lindo recuerdo al comenzar el invierno, sumando más alegrías que tristezas.

Desde mi cama, el olor a tierra mojada, sentir el reflejo de los relámpagos, escuchar los truenos y al observar por mi ventana el movimiento de las hojas de los árboles, que en este caso son palmeras, me invitaba a un sueño lindo y reparador.

Pero fue a las 4 de la mañana que me desperté como cuando alguien te dice al oído “levántate, parece que el agua ingresó a tu casa”. Salté de la cama, caminé hacia la parte trasera de mi casa y me encontré con lo que no quería ni esperaba.

La precipitación había sido de tal magnitud, donde los sistemas de drenaje no abastecieron y el agua ingresó sin golpear la puerta.Sacar el agua de algunos ambientes con el esfuerzo de la familia, se resolvió rápidamente, pero lo grave ya lo percibí en las redes sociales y en los medios de comunicación cuando mostraron la dimensión del problema originado por las inundaciones en muchos barrios de la ciudad.

Vi imágenes con calles y avenidas anegadas por todas partes, canales destruidos, gente que arrastrada por el agua estaba a punto de ahogarse y, por ende, muchos domicilios afectados donde las familias mostraban desesperación.

En realidad los cruceños tuvimos un despertar de lunes feriado con muchos sobresaltos, porque mientras unos hacían malabares para salvar sus cosas de entre el agua, otros vecinos pedían auxilio por alguna emergencia. Un hecho, de los tantos que se registraron en la ciudad, fue cuando  un uniformado auxilió a una persona que se estaba ahogando en un canal.

Con esa generosa acción del policía, el alma de esa persona salvada mira hacia el cielo, susurra y dice sencillamente “¡gracias!”. Otro hecho llamativo, con expresiones de acción solidaria, se registró en la avenida Beni y quinto anillo, donde ante la falta de personal de Tránsito para tratar de salvar la vida de una persona que se encontraba debajo de un vehículo, producto de un accidente, el Subcomandante de la Fuerza Especial de Lucha Contra el Crimen, Tcnel, Marco Tórres, rescató el cuerpo y lo llevó a un centro asistencial.

El final de lo que ocurrió con esta persona no lo conozco. Así como estos casos hubo otros hechos que mueven la sensibilidad de la población, pero que tampoco puede hacer mucho contra un fenómeno natural de imprevisibles consecuencias como las inundaciones.

Entre dramas matinales por las inundaciones, es bueno tener en cuenta que para esta región, donde la base económica es la agropecuaria, la necesidad de agua es considerada como una bendición, sin embargo, por el alto nivel de precipitación, principalmente en la capital, el exceso de agua provocó muchos dramas humanos.

El clima tropical de Santa Cruz, cálido, húmedo y al comenzar el invierno con un surcito, nadie esperaba una lluvia con estas características, ya que los meses más lluviosos en la región son diciembre, enero y febrero.

Los cruceños, que llevamos más de 90 días encerrados por la amenaza del coronavirus, estábamos esperando un buen aguacero, sin embargo, el exceso de agua que generó angustia en la gente, se suma al mal momento que viven miles de familias que tienen a uno o varios integrantes enfermos. Para nosotros los creyentes, Dios hace brillar el sol y llover sobre justos e injustos.

Nada ocurre sin su permiso, tampoco la lluvia llega por casualidad. Por eso, cuando las gotas generan un ruido entre los árboles, en los techos y las ventanas, el corazón siente una gratitud inmensa porque el agua es bendición, a pesar de los dolores que nos doblegan el alma con la enfermedad del coronavirus. 

Un abrazo desde el encierro. 

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