Toca recalcular, y no solo teóricamente

En tiempos de pandemia debemos elegir a quien creer, no se sabe cuál es la verdad y posiblemente no vivamos para conocerla

Autora: Dica Rodriguez

Cuando una persona asume una responsabilidad –si es responsable, claro- hasta le quita el sueño no cumplirla. Eso me pasa, bueno, no hasta quitarme el sueño, pero sí, siento que estoy fallando por no escribir para el blog de periodistas que decidimos, entre todos los aquí firmantes, que sacaríamos a la luz. Pues, ya perdí la cuenta de los días que no escribo para Pandemónium.

Pero qué difícil se hace a veces, encontrar de qué escribir cuando tus días –cree uno- son idénticos unos de otros. Pero, como la responsabilidad llama, puse mi cabeza a pensar sobre qué podría escribir, qué contarles sobre esta pandemia que nos tiene a todos encerrados desde el 22 de marzo, día del nacimiento de mi hija hace ya 3 décadas.

Tengo un programa de radio, ya lo he dicho varias veces en Pandemónium. Se llama “Recalculando”. Todas las noches, antes de la cuarentena, tratamos temas de interés de la gente. Desde que nos mandaron a guardarnos en nuestras casas, el único tema del que habla la gente es del coronavirus. Y una vez un jefe me dijo: “El pueblo quiere circo, démosle circo”. No estoy tan de acuerdo con eso y esta pandemia no es precisamente un chiste, menos un circo, pero si la gente quiere hablar del coronavirus tendremos que hablar de eso, aunque de diferentes ángulos.

Tantos profesionales –y de los buenos- tenemos invitados en “Recalculando que”, todas las noches aprendemos algo. Yo aclararía que mucho. Que los síntomas han ido cambiando y, por lógica, los tratamientos. No he sido muy seguidora de las noticias como tal, pero la ivermectina la tengo bien registrada en mi mente. Luego vino el plasma hiperinmune. O antes, o juntos. No lo sé. Un odontólogo reconocido en su área apareció con una fórmula ganadora. Lo hicieron flecos porque no había sustento científico o no sé qué otras vainas. La verdad de la milanesa, no la sé. Quizás con el paso de los años se sabrá toda la verdad. O no.

Ahora el dióxido de cloro, que, si es cierto, sería una maravilla. Pero cuando la limosna es grande, hasta el santo desconfía. Dicen que es un agua mineral realmente milagrosa, que sirve pa’ todo, hasta para el autismo… y pa’ completarla, es barata.

Soy incrédula, pero también optimista, entonces quiero creer que sirve, pero también desconfío. Y la población también está dividida. No digamos ya los profesionales médicos. Y nosotros, el pueblo, especialmente los confesos ignorantes en la materia, entre los que me incluyo porque me cuesta retener información sobre temas médicos, somos la milanesa del sándwich, nos están apretando de tal manera que cualquier rato salimos escupidos. 

¿A quién creemos? No digo quién tiene la razón, porque como dije antes, eso lo sabremos en unos años. O lo sabrán nuestros hijos o nietos. Quizás nosotros muramos sin saber la verdad. Y es que en todo esto de la pandemia hay mucho felino cautivo… Dicen, y yo también lo creo. Muchos intereses ocultos, no hablo solo de los criollitos nuestros, sino hasta o desde la OMS y todo el chiverío en que se convirtió. Peor en tiempos de campaña política proselitista.

Que si el remedio es demasiado barato, no sirve, lo descartan “oficialmente” o le suben el precio. Entonces aparece otro, también barato y sin sustento científico. Y chau, a desecharlo también. Solo oficialmente porque la gente sale enloquecida a comprarse todo el que encuentran a su paso y su bolsillo puede pagar, y sin siquiera tener síntomas, dejando a los verdaderos enfermos desprotegidos.

Difícil situación la que nos ha tocado vivir. Se acabó la mitad del año, así sin darnos cuenta siquiera, y es probable que lleguemos a Navidad sin solución. Dios quiera que no sea así, tengo mi fe enfrentada a la desazón por tanta corrupción, tanto manoseo de la salud de la gente.

Como dice la presidenta transitoria, tan cuestionada en los últimos tiempos, “Dios bendiga Bolivia”, yo le aumento: ¡Y al resto del mundo! Mi único consejo: no te automediqués. ¡Ah! Y no salgás. #QuedateEnCasa

Una respuesta

  1. No solo nos mata el coronavirus si no también el virus de la corrupción que nos quita la posibilidad de mejorar algo el sistema de salud. 🙁
    Escribo de la realidad que se vive en Perú, porque la corrupción está en varios países.

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