Un domingo diferente y sin tapaboca

Si el mañana no llega, ¿qué palabra dejaste sin pronunciar o con qué perdón te quedaste guardado en el pecho?

Autor: Adhemar Camacho

Con el saludo de los fuertes vientos, muy característicos de julio en nuestro Santa Cruz, encerrado en la guarida que armé en mi casa en Clara Serrano, escuchando el ladrido de los perros, el trinar de los pajaritos, de los pocos que todavía se conservan en estas zonas de transición entre la ciudad y el campo y a lo lejos diviso unos terneros que juegan al tope tope, vale decir se golpean cabeza con cabeza y para completar la escenografía, unos caballos que de rato en rato juegan a morderse, parados en dos patas.

Ese escenario que les relato forma parte del entorno que comparto con ustedes de una vivencia del encierro de fin de semana, alejado de la ciudad y en momentos cuando el organismo busca la tranquilidad para que afloren los sentimientos, que normalmente uno los mantiene guardados.

En estas circunstancias, más de uno nos hemos preguntado qué esperamos para ser felices?. Seguramente esta interrogante tendrá muchas respuestas.

Anoto algunas reflexiones, la mayoría que brotan en la medida de que la vida discurre en medio de tantas dificultades, amenazas a nuestra salud y haciéndole lances a la pandemia virulenta, que día que pasa nos saca horas de vida. De yapa, como ser humano, siempre nos cuesta destinar un tiempo para encontrar brotes o expresiones de felicidad, como si se tratara de algo escondido.

Sin apelar a mucha filosofía, creo que la felicidad sí está escondida, pero en nosotros. Lastimosamente en la rutina de vida le tiramos poca pelota y tratamos de huirle a nuestra propia conciencia cuando nos pide que saquemos lo que necesitamos de nosotros mismos para lograr momentos de felicidad e irradiarlo en el entorno íntimo que es nuestra familia.

Nuestro corazón, que nos escucha permanentemente, lo tiene muy claro que el mañana no existe, porque es una esperanza o una idea que armamos con la posibilidad de que tal vez ocurra. Además, nos dice imperativamente, hoy es tu tiempo y debes vivir este momento.

En esa misma dirección seguimos los cuestionamientos a nosotros mismos. Si no llega el mañana, qué ocurre?. La respuesta la sabemos, sin embargo, pasamos la vida esperando el momento adecuado y preciso o el día especial para hacer lo que nos permitirá sentirnos mejor.

Tenemos muchas necesidades y creo que en este encierro por la vida es preciso hacer una apuesta y decir lo que sentimos, comer lo que nos gusta, pedir perdón si nos equivocamos y a nuestros seres queridos expresarle lo mucho que los amamos.

Hay en nuestro registro personal tantas historias, que muchas forman parte de la felicidad y que por algún mal entendido, se bloquearon amistades de muchos años o de alta empatía. Es también oportuno lograr ese acercamiento y que con una disculpa que venga del corazón, esa valiosa relación puede retornar al cauce que la naturaleza y la fuerza de la amistad construyó.

También en estos tiempos hay que hacer realidad los sueños que se quedaron durmiendo y sin justificación o por esperar la oportunidad. El hoy vuelve a tomar preminencia y es una necesidad conseguir felicidad mientras se recorre el camino de la vida, por mucho que esté lleno de dificultades.

Si el mañana no llega, qué palabra dejaste sin pronunciar o con qué perdón te quedaste guardado en el pecho?. En estos tiempos donde la amenaza a la vida nos encierra, nos tapa la boca y nos exige mantener distancia de nuestros semejantes, es oportuno abrir el corazón y a quien lo necesite, brindarle una explicación de las cosas que no hiciste o de lo que verdaderamente debiste hacer.

Hasta las aventuras que dejaste sin hacer o el artículo que prometiste escribir y no lo hiciste, tienen un responsable y ese sos vos, de quien depende tu felicidad. El miedo al fracaso siempre forma parte de nuestro accionar, pero hay que alimentarse de humildad, despojarse del orgullo y así avanzar, respondiendo a los latidos del corazón para cumplir lo que la vida nos exige hoy y no mañana.

Mi paseo por la imaginación propositiva terminó en mi guarida de Clara Serrano y mi ilusión de seguir escuchando el trinar de los pájaros y valorar lo que la naturaleza nos muestra cada día, también forma parte de la enseñanza que nos conduce a vivir la vida hoy con sus males, pero como el mañana es incierto, hago una promesa de mejorar para contribuir a mi felicidad.

Un abrazo desde el encierro

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