Un peligro seguir encerrados

Sabemos que estar tanto tiempo “guardados” en casa no es fácil, pero a algunas personas les está afectando más. Lo podría atribuir a hormonas alborotadas

Autora: Dica Rodríguez

Oficialmente, llevamos 12 semanas de cuarentena. Son 86 días en los que la gente responsable y consciente, se ha mantenido guardadinga en sus casas. Y parece que está causando su efecto, y no precisamente en el aplanamiento de la curva de infectados con el coronavirus.

Esta semana, en un programa radial de Santa Cruz, el candidato cruceño a la presidencia de Bolivia, Luis Fernando Camacho Vaca, confesó que estaba separado de su esposa Gabriela Antelo. Explicó los supuestos motivos, tema que no viene al caso.

Inmediatamente pensé en todas las mujeres que, durante la revolución de las pititas, emocionadas con el que muchos llaman el libertador después de los 14 años de opresión de un gobierno dictatorial, gritaban sin ningún empacho y a voz en cuello: “Camacho mi macho, haceme un muchacho”.

Era tanta la emoción en esos momentos, la gente lo esperaba con ansias a pies del Cristo Redentor, lo aclamaba y muchas se animaron a decírselo en su cara. Él, solo sonreía y compartía incluso una mirada cómplice con su entonces esposa, de la que hoy dice estar separado hace más o menos un mes.

Entonces, pensando en ellas, decidí publicar la noticia en mi muro del Facebook y lo hice a mi manera, porque después de todo, es mi espacio y como siempre digo y defiendo, si es mío, puedo publicar ahí lo que me dé la reverenda gana. Así que, porque quiero, porque puedo y porque me da la gana lo escribí y lo publiqué así: “Elay, las que gritaban “Camacho mi macho”, ya está libre. Está separado hace unas 3 semanas”.

No fue más… según yo. Ninguna mala intención me llevó a escribirlo, incluso notarán el tono jocoso en el que fue escrito. Pero como siempre aparece la gente que no sabe leer o que interpreta como mejor le parece, no faltó la ofendida con la publicación que saltó a reclamar por semejante atrevimiento. Los interesados en saber los pormenores de la discusión digital que me llevó a invitarla a dejar de estar en mi lista de contactos, pueden ir a mi muro.

Lo que me ocupa hoy es la preocupación por lo que el encierro está ocasionando en algunas personas. Hormonas incontrolables están provocando reacciones inesperadas e inexplicables. ¿Personas maduras? ¿Mentes sanas? Me invade la duda. No quiero imaginarme lo que está ocurriendo puertas adentro de los hogares en esta cuarentena, cómo serán esas numerosas familias que viven prácticamente hacinados, que comen de su trabajo diario, que después de tantas semanas de cuarentena apenas tienen para llenar la olla.

Nada justifica la violencia, pero es más fácil entender las reacciones de gente al borde del abismo que de una persona de clase media acomodada. O tal vez me confundo, y la desesperación del encierro afecta de la misma manera a todos.

Solo pido que esta pandemia pase rápido antes que tengamos que seguir lamentando, además de enfermedad física y muerte, enajenación mental.

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