Y vos ¿qué deseás para cuando todo esto pase?

Nuestros deseos ahora son simples: queremos reencontrarnos con nuestros seres queridos, pero para ello tenés que cuidarte y sobrevivir. ¿Lo estás haciendo?

Autora: Dica Rodriguez

El 6 de julio pasado “abrieron las tranqueras” en Santa Cruz.

Luego de 105 días de cuarentena rígida oficial, la crisis económica, y las próximas elecciones -dicen algunos-, y la “desobediencia” cada vez menos disimulada de la gente, obligaron a iniciar la cuarentena dinámica.

Muchos esperábamos que esto sucediera, ya era insostenible seguir quedándonos en casa sin trabajar, sin generar dinero para alimentar a nuestras familias y comenzar a pagar nuestras deudas. Lo que se veía en las redes sociales era precisamente eso. La gente quería salir, necesitaba hacerlo y ya lo estaba haciendo corriendo todos los riesgos que nos podamos imaginar.

Empresas cerrando, o al menos achicándose, gente desempleada y desesperada. Algunos emprendiendo en rubros lejanos a su experiencia hasta antes del confinamiento. Se dice que la creatividad aparece en tiempos de crisis y estamos siendo testigos de ello. La variedad quizás no es tan amplia, lo que ahora abundan son nuevos expertos en gastronomía, diseñadores de barbijos personalizados, vendedores de algo. Los menos, se esmeraron en presentar nuevos productos o servicios novedosos. Pero lo real es que la gente se obligó a generar dinero de alguna manera para intentar sobrevivir a la catástrofe financiera que se veía venir.

Entrando a la cuarta semana de esta nueva forma de cuarentena, con permiso para circular de 5.00 a 17.00, vemos que la gente no se cuidó. Solo en los últimos 7 días, los casos positivos por COVID-19 se multiplicaron y sumaron 10.000 a los ya 60.000 casos registrados oficialmente. Obviamente se cree que son mucho más que ese número.

Los problemas siguen sin solucionarse, pero yo mejor ni hablo de los temas que deben resolver los gobernantes. Me enfocaré en la gente que debe cuidarse a sí misma y a su entorno más cercano. ¡Y no lo hacen! Sino ¿cómo se explican que se hubieran hecho fiestas con el riesgo latente de contagiarse y llegar a casa a contagiar a los tuyos? Ni hablemos de las “reuniones familiares o con amigos cercanos” que no solo se multiplicaron, sino que descaradamente compartían fotos de esos encuentros en las redes sociales. Y no son los jóvenes nomás, mucha gente adulta lo hace también.

Como decía la gente de antaño, de la época de mis abuelos, los nacidos allá por 1.900: ¡Es el fin del mundo! A ratos hasta pienso si no será cierto y esto se está yendo a la punta de un cuerno por nuestra propia inconciencia, ignorancia y estupidez.

No somos todos, claro, pero sí son muchos los que se creen intocables, que el virus no llegará a sus casas, a sus cuerpos, a sus pulmones. Y me pregunto: ¿acaso no están viendo que la gente se está muriendo? ¿Cuántas muertes más se necesitan para que tomen conciencia?

Los que estamos sanos hacemos planes para cuando esto pase. ¿Estaremos realmente conscientes de que lo que se viene es una nueva realidad que no se parecerá en nada a lo vivido antes de esta pandemia? No lo sé, me animo a decir que no tenemos ni idea de cómo será nuestra vida una vez controlado el virus.

Hace un par de semanas lancé una pregunta en mi perfil de Facebook: ¿Y cuándo pase la pandemia ¿qué querés hacer? Las respuestas fueron de lo más variadas:

  • Salir sin restricciones
  • Reencontrarse con sus seres queridos. Y no estamos hablando de un tío, sino de una madre, de una hija…
  • Trabajar, tener un trabajo, encontrar uno nuevo
  • Armar un junte, llámese churrasco familiar, café entre amigas, cena, almuerzo, brunch o el bendito jueves de frater… ¡La gente quiere verse!
  • Conocer al último bebé de la familia que nació durante la cuarentena
  • Ir a la iglesia
  • Viajar
  • Amar
  • Ir al gimnasio
  • Hacer dieta
  • Cantar en un karaoke
  • Respirar sin barbijo y sin temor
  • Abrazar fuerte
  • Recuperar la rutina
  • Disfrutar más de las cosas simples: caminar, andar en bici… que nos dé el viento en la cara
  • Volver a casa. Mucha gente quedó varada fuera de su ciudad, de su país
  • Escuchar que truene la banda
  • Dejar de ser “Esperancita”
  • Dormir hasta tarde
  • Ir de compras
  • Mimarse en la peluquería y en un spa
  • Dar gracias a Dios por resistir la pandemia
  • Ir a un velorio a despedir a los seres queridos

¡Todo simple! Pero tuvo que venir semejante pandemia para que comencemos a valorarlas. Ojalá salgamos de esta situación, además de saludables, siendo mejores personas. El país lo necesita. El mundo lo necesita. Está en nuestras manos.

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